21-7-2012
La elección de Mohammed Morsi, el candidato de la Hermandad Musulmana, como presidente de Egipto es el principio del fin del tratado de paz de Campo David entre Israel y Egipto? No tiene que ser así. De hecho, puede ser el principio de una paz verdadera entre los israelíes y el pueblo egipcio, en vez de lo que hemos tenido: una paz fría y formal entre Israel y un solo faraón egipcio. Pero, para que ese sea el caso, ambas partes tendrán que cambiar algunos comportamientos profundamente arraigados, y con rapidez.
Primero, prescindamos de algunas tonterías. Hay un mantra que se le escucha al gobierno de Benjamín Netanyahu en Israel y a varios analistas derechistas: «Se lo dijimos». Es la idea de que, de algún modo, el presidente Barack Obama podía haber intervenido para «salvar» al presidente Hosni Mubarak de Egipto y que fue demasiado ingenuo para hacerlo, y el resultado inevitable es que la Hermandad Musulmana ha tomado el poder. Lo siento, ingenuidad es pensar eso porque era demasiado conveniente para Israel tener paz con un dictador, Mubarak, en vez de con 80 millones de egipcios, que este dictador -o algún otro general- debería y podía permanecer al timón de Egipto para siempre. Hablemos de ingenuidad.
Aprecio la ansiedad que los israelíes sienten al ver implosionar su región. Pero también es asombroso que un pueblo para el cual la historia de liberación del Éxodo es tan fundamental -y que por tanto tiempo argumentó que la paz sólo sucedería cuando los árabes se volvieran democráticos- no creyera que la narrativa de la liberación algún día pudiera resonar entre el pueblo de Egipto y ahora proclame que el problema con los árabes es que se están volviendo democráticos. Esto tiene raíces.
«En sus relaciones con el poder, los judíos en el exilio siempre han preferido las alianzas verticales a las horizontales», señala Leon Wieseltier, el erudito judío y editor literario de The New Republic. «Siempre prefirieron tener una relación con el rey o el obispo para no tener que involucrarse con la población en general, de la cual desconfían profundamente; y a menudo tuvieron razón para desconfiar. Israel, como estado soberano, reprodujo la antigua tradición judía de la alianza vertical, sólo que esta vez con los estados árabes. Pensaron que si tenían una relación con Mubarak o el rey de Jordania, tenían todo lo que necesitaban. Pero el modelo de la alianza vertical sólo tiene sentido con sistemas políticos autoritarios».
Israel tendrá que hacer que el hombre de la calle «no sólo le tema, sino también le comprenda. Esto no será fácil, pero quizá no sea imposible. La nostalgia por los dictadores no es una estrategia respetuosa». No sé si el actual liderazgo palestino pueda ser un socio para una paz segura de dos estados con Israel, pero sé esto: Israel necesita ser más creativo al probar si eso es posible.
¿Y cuáles son las obligaciones de Morsi? No se hagan ilusiones: la Hermandad Musulmana en su núcleo sigue teniendo opiniones poco liberales, antipluralistas y antifeministas. Aspira a enquistarse en el poder y explotar la revolución que no inició. Simplemente no creo que vaya a ser tan fácil. Irán es el islamismo político en el poder con petróleo; para comprar todas las presiones y contradicciones. Egipto será el islamismo político en el poder sin petróleo. Egipto no puede sobrevivir sin el turismo, la inversión extranjera y la ayuda exterior para crear los empleos, escuelas y oportunidades que satisfagan a los jóvenes egipcios que lanzaron esta revolución y a muchos otros que pasivamente la apoyaron. Además, Estados Unidos no puede dar, no va a dar y no debería dar a la Hermandad Musulmana el mismo trato que dio a Mubarak: simplemente arresten y torturen a los jihadistas que queremos y pueden tener una paz fría con Israel.
Morsi va a estar bajo enorme presión para que siga el camino de Turquía, no del talibán. ¿Lo hará? No tengo idea. Debería comprender, sin embargo, que tiene una carta poderosa: la verdadera paz con un Egipto encabezado por la Hermandad Musulmana, la cual pudiera significar la paz con el mundo musulmán y el fin del conflicto. Por supuesto, esa es la mayor apuesta. ¿Morsi alguna vez ofrecerá eso bajo ciertas condiciones? De nuevo, no lo sé. Sólo sé esto: la era de Mubarak terminó; y con la conservadora Hermandad Musulmana dominando Egipto y con nacionalistas-religiosos conservadores dominando la política de Israel, las dos partes cambian sus comportamientos para que el tratado de Camp David sea legítimo para ambos pueblos o será insostenible.
THOMAS L. FRIEDMAN
Analista
Friedman ganó tres veces el premio Pulitzer, lo que es un mérito grande. Publica dos columnas por semana en el New York Times, lo que tampoco está mal. Autor de varios libros, muchos disponibles en español (entre ellos, El mundo es plano), en sus textos predica una nueva forma de democracia en tiempos globalizados.
El nuevo presidente de Egipto y la paz con Israel
23/Jul/2012
El País, Uruguay, Que Pasa